domingo, 17 de agosto de 2014

Cáliz iluminado el rostro
de quien no busca más,
se llena del perpetuo sonido
de su magister agua de mar.


En la animosa armonía con la que el viento invita a moverme con él, la magia envuelve.

El  mar está despierto,  con fortaleza intrínseca  se mueve; llega la espuma a los médanos que costean el camino por donde pasa el omnibus, 
_En la radio dijeron que las olas están llegando a cuatro metros.
_Pareciese que fuésemos navegando.

El cielo ligeramente gris, y claro el panorama que vuelve a las voluntades de roble, que rezan, que protegen y me alejan y ausentan del diálogo. Tanta Verdad pero no en la conversación, en la anécdota, en la enunciación de certezas. Sí, desde el sonido de las aguas Mansa y Brava que rodean y nos atraviesan e impulsan a continuar por este camino estrecho.

En la plaza donde ocurriera la designación de mis funciones , entre el verdor Releome y mis palabras me incomodan, no llego a desentrañarme, por momentos hago juicios de valor…no entiendo si provienen de quien escribe, de quien ahora lee o a lo mejor se trate de un bombardeo. Y si uso esta definición tan triste es porque me afecta la inconciencia, la brutalidad y los hilos de poder que obligan a padecer el sinsentido en vez de hacer obra.


En realidad, en el camino dejo atrás formas que consideraba propias.

Cambio.

 Por eso se torna intrincado escribir continuando lo de ayer.

El compromiso político es escribir acontecimiento, ficción, poesía, pres

un niño caminó hacia mí y me arroja piedras a las que confunde con maíz,

 disculpándose su madre me dijo  lo siguiente:

_Piensa que está en la granja de su abuelo.

Por eso me quito las plumas y con ellas escribo para que él pueda ver mi rostro despejado.


Dividida así, cuesta decir.

Purgar, vaciar, arar,

la herida que se cicatriza

y vuelve en carne viva,

azul en la pluma reclama.

Ese es el sentido:

Latiendo mis gemas brillaban.


Mi pie descalzo tropezó

 y se hundió en un pozo.

Ese agujero es mi cielo perfecto

por el que observo estrellas fugaces

como amantes pasados.

Descansa el cielo,

reposa en los brazos,

asoma la luna.

Entibia su pecho,

cicatriza la herida

que causó mi vestimenta

de espinas.


Se asoma la muchacha por entre las telas de flores,
se viste de manteles y repasadores.
Recurre con poca paciencia al mostrador,
tiene el tiempo contado por el patrón.

Ojalá lo encuentre en su puesto al pescador,
y así responda lo que dicen sean cuestiones del corazón.
Desde hace un tiempo anda resfriada,  
tiene ojeras y pelo de virulana.

Tendrá que esperar a que le envuelvan el pedido
Y entonces  correrá a  comprarse 
un lápiz de labio color bermellón,
con los chingolos sobrantes en comisión.
Porque  a la pista del sábado ha de llegar,
Quien quiera con cumbia su cuerpo resucitar.