lunes, 15 de diciembre de 2014

En la Primera Fiesta en la Casa de tu abuela





Una cosa lleva a la otra y termino descubriendo esta filmación en la que se puede ver una escena en la actuamos: Luis Contreras, Estefania D'anna y Cynthia Canteros, en el piano está Cecilia Bienati,grosa! en la primera Fiesta en la Casa de tu Abuela. Esa noche yo actuaba después de mucho tiempo y fui niña feliz jugando a la mancha en esta escena, inspirada en el libro de Diego Arbit "Un buen Trío"

viernes, 28 de noviembre de 2014

El PUENTE córdoba-cordova. Observación sobre la obra El Puente de Carlos Gorostiza

Ver todo con los lentes del teatro que compré en alguna feria,

 a la que ya no recuerdo.


El domingo en una terraza del barrio de Almagro, conocí a Rojo Cordova, conversamos entusiastas del teatro y del slam de México y de Buenos Aires; cayó en la cuenta de que se tenía que tomar el avión al otro día, antes de lo que suponía y que por lo tanto no podría asistir a la función de la obra “El Puente”, entonces me obsequió la entrada y yo ahora le cuento lo que me pasó en la función pero antes hago un recorte personal de lo que para mí significa el autor para la escena nacional.

Carlos Gorostiza, junto con Tito Cossa y entre otros, son representantes de lo que se conoce como la nueva dramaturgia nacional o generación del 60.  Dirigió la primera puesta de El Puente en 1949, junto con Pedro Doril en el Teatro de La Máscara. Este teatro, junto con el del Pueblo, y el desaparecido Juan B Justo, en 1943 tuvieron que desalojar las salas que poseían por concesión municipal. Las autoridades que les quitaron los locales lo hicieron con un propósito calculado: eran salas independientes y tenían un real compromiso político,  “La actitud correspondía a un plan de vastos alcances políticos que procuraba el estrangulamiento de las actividades artístico culturales más importantes del país, al mismo tiempo que regimentaba y planificaba desde los textos escolares hasta las libertades ciudadanas.”[1] Esto resuena, tiene parentesco con el escenario actual de los centros culturales que están siendo clausurados en la Ciudad de Buenos Aires.
Gorostiza de formación autodidacta, empezó a trabajar a los 14 años como taquígrafo en la empresa Bunge & Born su salario lo destinaba a solventar el hogar y algunos chingolos a las salidas al Centro con la barra de amigos, “íbamos al cine, comíamos  pizza de parado y lo acompañábamos con moscato”. En los tiempos libres leía todo lo que podía y sus amigos fueron su influencia en la selección de textos;  se inició como titiritero y empezó a asistir al teatro. También le interesaba bastante el fútbol. A lo mejor se haya inspirado en esos amigos para los personajes de El Puente, como sea, los amigos conducen la acción en la obra, juegan un rol fundamental.
La puesta de “Crimen y Castigo” dirigida por Fulvio Tulluy, en la que Gorostiza era actor,  fue censurada porque Dostoievski era ruso, de la obra “El fabricante de piolín” se extrajeron diálogos enteros, a la película de “El Puente” se le colocó un cartel de advertencia “Estos problemas ya han sido superados”  y ese mismo “gobierno se declaró neutral durante la segunda guerra mundial, disimulando su adhesión al eje Berlín Tokio”[2], por eso Gorostiza tuvo una posición critica del peronismo y empatizó primero con el partido comunista y con el advenimiento de la democracia con el radicalismo del que formó parte durante el gobierno de Alfonsín como secretario de cultura.
La primera puesta de El Puente generó controversias por la novedad de las referencias intertextuales inmediatas con el plano social político y económico. Una anécdota puede precisarlo mejor: Héctor Agosti y Raúl Larra lo invitaron una charla en  la redacción del periódico comunista “La orientación”; la obra había sido criticada por corresponsales de ese periódico  y  entonces  la comisión de cultura del partido, llamo a reunión general  y en ella resolvieron que “El Puente” era una obra que dignificaba la escena argentina”.

65 años después en la Sala Leónidas Barletta del Teatro del Pueblo, una chica con movimientos gimnásticos golpea sus talones y acompaña a los espectadores a sus ubicaciones, suena un vals (violín, bandoneón y contrabajo), hay una luz ambiente sobre la platea y una luz direccionada sobre una puerta en el centro del escenario a la italiana. Se demora unos minutos el comienzo, porque la sala está llena. Es la última función, la dirección está a cargo de  Leopoldo Minotti [3].  Es una puesta arqueológica, (no estoy habituada a ver este tipo de teatro) que intenta ser fiel a la puesta original, que los elementos que aparecen en la escena, el texto, los vestuarios, la escenografía tienen como referencia inmediata a la puesta original. Incluso de la elección de los actores participó el autor. Me corro del lugar  de espectadora de obras producidas bajo la lógica de dramaturgia del actor y El Teatro del Pueblo que tiene un aura particular por toda la historia que lleva, más la recepción general que fue atenta y el hecho de que era la última función, hicieron lo necesario para que conectara con los actores-puente y a través de su relato corporal con el lenguaje poético de toda la obra. Fue muy gratificante ver el juego sonso, el chicaneo  de esos jóvenes que se sientan en cualquier umbral para charlar, ¿a dónde podrían ir sino? Los vecinos refunfuneando, mirándolos mal. En un momento uno de ellos cuenta que le dijo al almacenero “la vereda no es suya don” Y las bromas siguen y se filtran los problemas de dinero y el mandato del sacrificio para ganarse el pan, las deudas, también el enamoramiento, el temor a no repetir la historia de los padres.  Hay un apagón y en el segundo acto muta el escenario, se convierte en un living y somos testigos de la cotidianeidad de una familia burguesa, un padre con algunas ideas liberales pero que sólo las enuncia, que es jugador, que ha perdido una fortuna, una hija casada no por amor sino por sostener su statu quo, un hermano estudiante bastante atorrante y un marido ingeniero ausente al que se lo espera. Queda al descubierto los mecanismos de conservación de la clase media. La idea de que la vida es una escalera y que los de abajo le hacen cosquillas a los de arriba y los de arriba le dan patadas al de abajo.
Hubo dos intervenciones notorias por parte de los espectadores: una risa al hablar sobre crisis y oro en el banco,  y un pedido sobre el sonido de la voz, por si algún despistado se olvidó que estaba viendo ficción y que lo que estaba ocurriendo fue único e irrepetible. Fue muy emotivo el cierre, ver a tantas personas que trabajaron con el máximo respeto, habló la asistente de dirección, se sumo el director, algunos actores  lloraban, saltaban, lanzaban vivas al aire. Y hubo ovaciones y el aplauso fue largo y estábamos todos ahí, los que pasaron por esa sala, los espectros de los actores que hicieron esos personajes y los personajes próximos que harán esos actores y que se deja entrever en un gesto de los cuerpos sobre el escenario.
También sonó la canción de Franela que es cortina musical del programa 6-7-8 y yo me acordé del video clip y aplaudí mucho a Gorostiza que en ese momento era un montón de gente, incluso nosotros que siempre seremos indómitos.





[1] Ordaz Luis, El teatro en el Río de La Plata. Cap. II del apéndice “la última década”, Pág. 287-288. Ediciones Leviatán, 1957.
[2] Gorostiza Carlos El merodeador enmascarado. Seix Barral, 2004
[3]  Fue asistente de “Vuelo Capistrano” otra obra de Gorostiza, dirigida por Agustín Alezzo. Se formó también con Julio Chávez, Lili Popovich, Joy Morris, Miguel Cavia, Paula Mellid

lunes, 13 de octubre de 2014

Llegar a la misma esquina por azar, la del bar de la Gaya.

Aligerar  viene a ser: darle vueltas a cualquier asunto, llegar a la misma esquina por azar,  la del bar de la Gaya.

En este oasis donde me detengo a beber  agua,  los rostros  y el espejismo de un piano en tono algo grave pero no serio sino más bien alegre, me recuerdan que estamos despiertos y además compartiendo. Somos afortunados.
Es efímero el momento de lucidez y deja un agujero en el pecho al irse.


la llave

No a la ideal, no a la más bella. A la que está ahí entre escombros, a la que encerré con candados y “perdí” mi llave de acceso. A mi Deconstrucción
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Inconcluso es un cartel que se enciende y se apaga delante de mí. En determinados momentos como el de esta noche, se le suma un ruido estrepitoso de una alarma. Como desde hace un tiempo lo he designado estado de ánimo, por supuesto que inconcluso se toma atribuciones, le da un tinte extraño a mi manera de conversar con el presente: Inconcluso y su incandescencia a veces completan mis dichos que en buena medida pasan desapercibidos como chistes demasiado personales… ¿ de qué color es este incluso “ led” al que llamo con cariño?
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Palito: yo que nada sé, yo que todo dije,
Abogado: ( que todo oculta, que tergiversa),
Palito:  Me sonrío.
Abogado:  (de dolor y de cinismo).
Palito: Yo que tuve 18 años siempre, cuando tenía 9 y 56, tenía 18. Mastico coca y “le pienso”
Abogado: (¿ A una de las mujeres, al que ocupa su lugar, a él mismo? )
Palito: Le rezo y si me culpa… le rezo. Si la policía, el juez y lo que usted abogado vaya a decir le den mala noticia.
Abogado: ( habla de él entonces)
Palito: Porque si él me presto,
Abogado: (No. Habla del muerto o de uno de sus socios.)
Palito: yo le acepté para la Gladys para la Gladys este su avioncito a motor, para la Gladys el Festival de Villa María al que había que ir en coche.

Y después de eso sí Cló-Cló, que me traigan Chanpan  en bandeja de plata, echarme un buen filo y morir de transpiración y taquicardia para renacer a las horas con naúsa, dolor de marote y todo eso.  Que sin el Beto no se hacía porque sin Beto yo me hubiese quedado como estaba.

domingo, 17 de agosto de 2014

Cáliz iluminado el rostro
de quien no busca más,
se llena del perpetuo sonido
de su magister agua de mar.


En la animosa armonía con la que el viento invita a moverme con él, la magia envuelve.

El  mar está despierto,  con fortaleza intrínseca  se mueve; llega la espuma a los médanos que costean el camino por donde pasa el omnibus, 
_En la radio dijeron que las olas están llegando a cuatro metros.
_Pareciese que fuésemos navegando.

El cielo ligeramente gris, y claro el panorama que vuelve a las voluntades de roble, que rezan, que protegen y me alejan y ausentan del diálogo. Tanta Verdad pero no en la conversación, en la anécdota, en la enunciación de certezas. Sí, desde el sonido de las aguas Mansa y Brava que rodean y nos atraviesan e impulsan a continuar por este camino estrecho.

En la plaza donde ocurriera la designación de mis funciones , entre el verdor Releome y mis palabras me incomodan, no llego a desentrañarme, por momentos hago juicios de valor…no entiendo si provienen de quien escribe, de quien ahora lee o a lo mejor se trate de un bombardeo. Y si uso esta definición tan triste es porque me afecta la inconciencia, la brutalidad y los hilos de poder que obligan a padecer el sinsentido en vez de hacer obra.


En realidad, en el camino dejo atrás formas que consideraba propias.

Cambio.

 Por eso se torna intrincado escribir continuando lo de ayer.

El compromiso político es escribir acontecimiento, ficción, poesía, pres

un niño caminó hacia mí y me arroja piedras a las que confunde con maíz,

 disculpándose su madre me dijo  lo siguiente:

_Piensa que está en la granja de su abuelo.

Por eso me quito las plumas y con ellas escribo para que él pueda ver mi rostro despejado.


Dividida así, cuesta decir.

Purgar, vaciar, arar,

la herida que se cicatriza

y vuelve en carne viva,

azul en la pluma reclama.

Ese es el sentido:

Latiendo mis gemas brillaban.


Mi pie descalzo tropezó

 y se hundió en un pozo.

Ese agujero es mi cielo perfecto

por el que observo estrellas fugaces

como amantes pasados.

Descansa el cielo,

reposa en los brazos,

asoma la luna.

Entibia su pecho,

cicatriza la herida

que causó mi vestimenta

de espinas.


Se asoma la muchacha por entre las telas de flores,
se viste de manteles y repasadores.
Recurre con poca paciencia al mostrador,
tiene el tiempo contado por el patrón.

Ojalá lo encuentre en su puesto al pescador,
y así responda lo que dicen sean cuestiones del corazón.
Desde hace un tiempo anda resfriada,  
tiene ojeras y pelo de virulana.

Tendrá que esperar a que le envuelvan el pedido
Y entonces  correrá a  comprarse 
un lápiz de labio color bermellón,
con los chingolos sobrantes en comisión.
Porque  a la pista del sábado ha de llegar,
Quien quiera con cumbia su cuerpo resucitar.

sábado, 10 de mayo de 2014

El juego de las esculturas


Un hombre  decide como oficio poblarse de espectros, de los que fueron como él y de los que podrían serlo,  para tal artilugio ofrenda a los dioses sus frágiles nervios y se vuelve capaz de concentrar tanta información, como la que se reservan las piedras para si.



Donde la mitología se narra de a saques,
El humo confirma el entresueño.
Atiborrado del cachondeo de las nacionales,
Que enseñan himnos con el cuerpo.
Desgarrado su plexo, se queja.
Después de las horas en la fragua
del drama penúltimo del amor,
Cruzar el tiempo es lo que quisiera.

Animado el silencio toca al músico,
Besa su rostro y da su anunciación.
“No puedes torcer el curso del río.”
Y el hombre camina  hasta el puerto.
Dentro de él: tendido se hamaca,
Fuera de él: tira el cigarrillo,
que el agua de lluvia mojó,
Y abrocha el botón del piloto.
Descubre las calles con la intuición
Guardiana de los recién nacidos.
Puede así, finalmente soltar su voz.



En el puerto no se sortean versos,
Pero acaso en dónde si.
En las prisiones lo que
 se atropella  y comprime, es ruido.

Que cada paso lleve al otro, despojada de la ansiedad y de chucherias.




El juego de las esculturas

Llego a la naciente de un arcoíris,  y me siento a observar  los rayos dan saltos sobre otros creándose en simultaneo colores que son la viva imagen de una armonía.   
Tal vez si cante, el que acurruca a la luna me reconozca. Canto durante los primeros kilómetros, llego a una ciudad, puede ser, en realidad voy del subterráneo a un rascacielos diciéndole que sí a dos personas que para tomar aire entre palabras, necesitan agitar sus manos.
Vuelvo al subterráneo, es más difícil el viaje, realmente hay muchas personas que entre palabra y palabra para tomar aire, necesitan agitar sus manos; tarareo algo que me resulta familiar y no es algo que sepa quien compuso, agito mis manos al mismo tiempo que un señor que lleva un maletín que choca con la bolsa de mapas. Los doy por perdido, al bajarme en la estación más próxima olvido cómo hacer la canción.

Tengo 4 años, hablo muy poco, las palabras salen como un balbuceo que suena a queja. Me siento frente a una heladería a llorar, es de noche y estoy lejísimos. Como puede ser que los adultos que me procrearon no me entiendan, incluso desconfíen de mi inteligencia, las personas pasan y temen reconocerse en mí.
 Tengo que acompañar a papá en esta misión porque soy mucho mas liviano y ágil y el esta nervioso y a lo mejor fume, y como fume no use casco.
En serio estoy entendiendo bastante más que vos, y todo está sucediéndose en varios lugares a la vez.
No me hagas callar, No me des caramelos que me distraigan, de tu partida.
Estoy diciendo cosas que deberías escuchar: " Tal vez, no puedas volver sin mí"
 Mi oído es bastante desarrollado puedo escuchar del otro lado del océano  claramente el mensaje de los leones africanos, también los tambores que algo anuncian porque ahora suenan con más vitalidad.
 Necesitamos un medio de transporte capaz de soportar los cambios repentinos de temperaturas e incluso los tornados, las cuestas rocosas y los ríos turbulentos pero sobre todo a quienes quieran detener este viaje que lo que hará es continuar la ruta que hacían Los Eltchad, los navegantes de los mundos: que durante miles de años, contaron historias, advirtieron en ellas sobre la  destrucción y la importancia de hacerle frente habitando en alegría.

En serio, yo no inventé el juego de las esculturas, simplemente es un trabajo que llegó a mí y es un trabajo que los Eltchad hacen, la idea de despertar al gigante dormido viene de ese juego. Los antiguos se volvieron rocas costeando las playas y se dejan mojar por las olas. Esperan, pacientes, el momento de decir.